B&B (LoS MaLDiTos)

•Noviembre 3, 2009 • Dejar un comentario

B&BPROSTITUTA 03

BAUDELAIRE & BENJAMÍN

Es probable, que cuando nombremos a Charles Baudelaire, estemos, tal vez, ante la figura del poeta que fue capaz de trascender las barreras que delimitaban –en aquel momento- al arte bajo el influjo del idealismo y el racionalismo. La concepción de lo bello y sublime (como marcas de lo considerado el ideal*[1]) se entremezclan en su poesía, con sus más temidos contrarios, la fealdad y lo decadente. Baudelaire, al igual que Benjamin, son intelectuales enamorados, de aquello que desde lo más bajo de los subsuelos urbanos, conforma un mapa macabro de las ciudades, las clases sociales, e incluso, nuestra cultura Occidental, de la que ambos provienen, y conocen bien.

Baudelaire, un extravagante poeta francés que nació en 1821, en el momento en que los románticos ensalzaban los valores de Naturaleza, Belleza e Idealidad “espiritual”, como horizontes a divisar. En 1842, con la mayoría de edad, recibe una herencia familiar y toma la decisión de hacerse un dandi. Momento, cuando conocerá a quién después idolatrará como maestro, el escritor y poeta francés Thèophile Gautier. Aunque su mayor fuente de inspiración se trataba de Edgar Alan Poe, ya que como decía Adorno: “Poe es el faro de Baudelaire”.

A partir de aquí, ó más aún, su vida se volvió un torbellino de emociones, relacionado siempre con suburbios, prostitutas, y su lucha constante por reflejar que era lo que había decidido ser, un bohemio, un dandi, un verdadero poeta, un artista; que se distinguía del resto por su afán de ver en lo pequeño, los que otros mal-apreciaban. Con la embriaguez como mayor fuente de inspiración, este poeta francés de carácter libertino, removió los cimientos de los valores y “vicios” que rodeaban a los artistas y su mundo, ya que además, el suyo estaba en las calles, fuera de la élite cortesana de la época, lugares que otros ni pisaban por no manchar sus relucientes zapatos. Las zonas baja y reprimidas de las ciudades, en este caso París, eran el escenario en el que este particular y apesanumbrado bardo romántico se daba cita rompiendo los estereotipos de su alrededor. Y donde su amor por estas estampas caleidoscópicas, le haría forjar sus ideales en buscar en lo pequeño para explicar lo que acontece desde allí. Penetrando así, en la naturaleza de ello, en lo que vivía y se vivía en este ámbito, en lo cierto y en lo falso de todo esto.

Gracias a su estilo poético, junto a esa, poco común*[2], visión hacia la deformación de lo estipulado como ideal, logro el reconocimiento categórico que tanto anhelaba, tal vez, de una forma un tanto obsesiva, el de ser considerado un verdadero poeta. Aunque ello representará el veneno que el idealista artista debía despreciar.

Algo en lo que unos 50 años más tarde un filósofo alemán, Walter Benjamin, se fijaría fervientemente. Llegando a observar que aquel poeta era capaz de explicar algunos de los términos de su propia filosofía. Y es que, Benjamin es reconocido por su ensayo sobre Baudelaire, entre otros, como los de Kafka, Proust ó Karl Kraus. El carácter fragmentario de su obra a falta de un gran volumen, dificultó su verdadero alcance sapiencial. Pero no dudamos ahora al divisar su figura entre sus escritos, que estamos ante una de esas figuras medio erráticas*[3], con una vida llena de lucha constante por unos ideales o convicciones que distan de los de su alrededor. Un espíritu rebelde, un bohemio con los ojos bien abiertos y dispuestos, capaz de dar su vida por lo que cree, sin proponerse como meta, ser parte del arte y el pensamiento, tan sólo, del suyo propio.

Walter Benjamin nació en Berlín en 1892, en el momento de la post-modernidad en Occidente. Pensador muy marcado por el arte, especialmente por la poesía, tanto que la lírica se entremezcló en su prosa dándole un estilo, que le caracterizó a la hora plasmar su pensamiento. Rasgos de ello es su admiración por la poesía de Baudelaire y sus ensayos en forma casi de prosa lírica.

Benjamin centraba su crítica en la decadencia del aura, y por defecto, la vacuidad de la experiencia, a lo que él llamaría atrofia de la experiencia. Abordar entonces un mínimo de los preceptos de su filosofía será necesario para enfocar su mensaje, y profundizar en el posterior escrito que realizaré relacionando a ambos, Walter Benjamin y Charles Baudelaire (Págs. 8 en adelante).

Toda vivencia es un cúmulo rutinario, previsible, de las acciones posibles a llevar a cabo. Todo ello, en contraposición a dicha experiencia. Como ya veía o intuía, algo parecido Baudelaire medio siglo antes; al ver como su alrededor se falseaba ante la pequeñez, como esquivándola pese a ser parte obligada de nuestro entorno.

El filósofo alemán nos habla de una modificación de la experiencia acorde a la evolución –ó involución- social. La nueva estructura social, la aparición de las “masas”, las grandes ciudades, el trabajo industrial, ó la diversión –juegos de azar: el autómata, adicto al juego, el jugador compulsivo-, estipulan y dan fe, de aquello que Benjamin reclama, la decadencia que ello a reportado al aura*[4]. Considera que este hecho es algo completamente irremediable, ya que lo más próximo a la experiencia es la vivencia del sobresalto, el Chock*[5]. Esa situación que rompe el transcurso, la cotidianidad monótona de las vivencias que se suceden marcando el devenir de nuestras vidas. Pero más cerca de una situación límite que de pura experiencia, el Chock, es eso, el sobresalto que se produce al romper ese rutinario, y sin sentido –a veces-, devenir de acciones sincronizadas a las acciones múltiples de la masa*[6] -la conciencia-.

Por otro lado, para entender la postura respecto a la masa de Benjamin, diríamos ejemplos tales que: Nietszche la escupiría, Hegel la miraría desde un balcón, y Baudelaire desde ella misma, desde sus adentros, tal cual al filósofo alemán. La vivencia se caracteriza por tener mucha conciencia, en detrimento al concepto, de lo que vive el alrededor. Somos como espejos en que todo nuestro entorno se refleja, y se asimila así, velozmente, para no dejar que eso le afecte. Tocando la superficie no se adentra en las cosas tocadas. Cuanta mayor conciencia, mayor frialdad, como pasa, según Benjamín, en las grandes ciudades o grandes núcleos urbanos. No se deja penetrar a aquello que genera estímulo. Y en esto hay algo de barbarie, pero no es desaparición, quedan restos de experiencia pero en este momento social la vivencia toma mayor importancia –y/ó utilidad-. Acorde a la decadencia del aura, Baudelaire habla de la pérdida de la aureola del poeta, como tal. Y no podemos negar, que lo reclamaba desde su propio estilo de vida, hasta en su poesía.

Esta pérdida de experiencia, él cree, viene ya desde la Modernidad, y como si la post-modernidad no hubiese podido cambiarlo, como si siguiese anclada en aquello que le da nombre. Así el camino del aura está condenado a seguir por ese túnel, del que la luz de la salida se resiste a llegar, con la incerteza y angustia de pensar en que pueda tener salida. Como si descendiese lentamente al fuego que poco a poco la consumirá. La esencia que Baudelaire rescata del entorno, como en “Las Flores del Mal”, es ese maligno que en todo permanece su huella. Con la misión de que se identifique con uno mismo, y se demuestre esa decadencia del aura. Como de forma parecida, tratando el punto de vista olvidado, Benjamin aborda la Historia. Lo hace desde lo micro, lo pequeño, lo olvidado.

Un hecho característico que veía Walter Benjamín como herramienta de este cambio de la experiencia, era la Fotografía. La consideraba la “fábrica de recuerdos”, ya que era la ampliación de la memoria voluntaria. Como herramienta de las ciencias o el arte, era el medio de producción intelectual, la técnica moderna, es la imagen de la fábrica. Abre las puertas a unas masas que pueden romper límites. Donde entran los deseos especiales, aquellas bellezas fuera de los cánones, de los ideales estipulados para lo bello. La posibilidad de acercarse a las cosas pequeñas, de apreciar un símil a la belleza completamente relativo, aunque ello sea algo monstruoso.

Siguiendo con los principios de la filosofía de Benjamin, en que también nos habla de la memoria involuntaria. En el momento de mirar la Historia, de conocerla, existe la tendencia a encontrar correspondencias, tal vez, en referencia a una vida pasada, o un momento cronológico que ejerce una atracción especial. “Les Correspondants”, era el vocablo utilizado para designar aquella vida vivida, aquello que al evocar, o revivir, te remueve esa felicidad, como si te trastocase, aunque siempre como pasado, como lo ya vivido, sin presencia presente más que en la sensación. Esto Baudelaire lo refleja en su poema “Los Siete Viejos”, en forma de angustia respecto al sentido temporal, el hecho de vivir constantemente sus ciclos, su vida. Esto es en este plano, la aparición de la reiteración.

Luego, el término “Spleen”, que Benjamin explica a partir de que Baudelaire ya lo utilizará en su libro “Las Flores del Mal”, y con el que daba a explicar el concepto de un tiempo vacío –en contraposición al tiempo lleno- en su máxima pureza. El transcurrir del tiempo como acto del aburrimiento en sí mismo. Ello probablemente, basado en la inspiración del cuento de Poe, “Monos y Una”, donde ya se refleja algo parecido. Benjamin nos lo explica como ese deber del tiempo en pasar, porque luego vendrá algo terrible, tedioso, verdadero tiempo vacío. Habla de un aburrimiento radical que te llega dentro, la sensación de tiempo vacío. Estamos ante la vivencia desnuda, como ese domingo a la tarde que espera el trabajador que el lunes deberá empezar de nuevo su repetitivo, controlado y monótono trabajo en la fábrica. A grandes rasgos podemos decir, que enfrenta Superficialidad Vs. Profundidad, tiempo vacío y tiempo lleno, respectivamente.

El tedio o el Spleen se rompen con el Chock, pero al mismo tiempo se sabe que algo se ha perdido. Se pierde algo que nunca más volverá, “Querida destrucción llévame, es lo único que nos queda”. Entendido por Benjamin como ese entregarse a la caída de la luz, no a la compulsión, ni el cinismo de dejarse llevar. Ser moderno es haber saboreado la trituración del aura. No debemos lamentarnos por lo que no está, sino por resurgir desde aquí. El que hace servir como ejemplo, el poema “Aura Paseante”, de Baudelaire.

Así, esto por lo que aboga y explica Benjamin pasa por la diferencia entre compulsión y deseo. El deseo es más antiguo, el deseo apunta a las estrellas, rodea los obstáculos y es constante. Es una carrera de larga distancia, que al llegar a la meta se transforma en una felicidad más permanente, profunda y constante. En cambio, una ambición extrema, es esa compulsión que no puede esperar, que siempre es veloz y sus efectos en la felicidad, también. Por ejemplo, Baudelaire, cree Benjamin, que posee ambas cosas, es compulsivo, pero desea ser un gran poeta, cosa que acaba consiguiendo.

Por último, aclarar que no estamos ante una renuncia, ni un bajar los brazos, sino ante un clamor a los cielos por resurgir, tal Ave Fénix de nuestras cenizas y cambiar. La modernidad Señoras y Señores está aquí, nos avisan estos “artistas” del pensamiento, y ello no tiene porque ser malo, pero no nos dejemos enterrar cada vez más hondo, porque llegará el día que las toneladas de tierra que reposarán sobre nuestros cimientos, sobre nuestras cabezas, serán demasiado pesadas, y ya no podremos salir, ni levantarnos.

ATADURAS

Fragmento de la introducción del libro

“Las Flores del Mal”

de Baudelaire

Al lector

La estupidez, el error, el pecado, la mezquindad,

ocupan nuestros espíritus y minan nuestros cuerpos,

y nosotros alimentamos nuestros remordimientos,

como los mendigos nutren su piojera.

Nuestros pecados son tercos, nuestros arrepentimientos cobardes;

nos hacemos pagar con creces nuestras confesiones,

y volvemos alegremente al camino fangoso,

creyendo lavar con viles llantos todas nuestras manchas.

En la almohada del mal es Satán Trimegisto

quien mece mucho tiempo nuestro espíritu encantado,

y el rico metal de nuestra voluntad

se ha evaporado totalmente por obra de este sabio químico.

¡El Diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!

A los objetos repugnantes les hallamos encantos;

cada día descendemos un paso hacia el Infierno,

sin horror, a través de tinieblas que apestan.

Igual que un pobre libertino que besa y muerde

el seno maltratado de una vieja ramera,

robamos al pasar un placer clandestino

que exprimimos muy fuerte como una naranja seca.

Apretado, hormigueante, como un millón de helmintos

en nuestro cerebro se agita un tropel de Demonios,

y, cuando respiramos, la Muerte a nuestros pulmones

desciende, río invisible, con sordos gemidos.

Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,

no han bordado aún con sus singulares dibujos

el cañamazo banal de nuestros tristes destinos,

ello se debe ¡ay!, a que nuestra alma no es lo bastante atrevida.

Pero los chacales, las panteras, los linces,

los monos, los escorpiones, los buitres, las serpientes,

los monstruos chillones, aulladores, gruñidores, rastreros,

en la infame casa de fieras de nuestros vicios,

¡hay un más feo, más malvado, más inmundo!

Aunque no hace aspavientos ni lanza agudos gritos,

convertirá con gusto a la tierra en un despojo

y en un bostezo se tragaría el mundo;

¡es el Aburrimiento –con los ojos inundados de un llanto involuntario-!

sueña con cadalsos mientras se esfuma una pipa.

Tú, conoces, lector, a ese monstruo delicado,

¡hipócrita lector –mi semejante- mi hermano!

____________________

*[1] Ideal: Entendido como: prototipo, modelo de perfección. Por ejemplo: Amadís representaba el ideal del caballero.

*[2] Poco común: Reitero, poco común en su época. Puesto que más tarde, la generación Beat entre otros movimientos socio-culturales/literarios le siguieron.

*[3] Errática: Entendido como el adjetivo que se refiere a vagabundo, ambulante, sin domicilio ni objetivo cierto.

*[4] Aura: Algo tiene aura cuando levanta la mirada. Perturba, es algo inquietante, porque es huella de lo humano. Cosa que nos hace pensar. Ya Proust hablaba de ello, pero sin darle el nombre de aura.

*[5] Chock, Shock ó Sobresalto: Como herramienta que une esa pérdida de experiencia y ese aumento de vivencia. Es el golpe que nos da el momento que vivimos.

*[6] El Factor de la Masa: su repulsión, su calidez, su agradecimiento son acciones nuestras según los estímulos que percibimos desde ella. Nos condiciona y rige.

AnToNiN ARtAUd (LoS MaLDiTos)

•Noviembre 3, 2009 • Dejar un comentario

enterrado-vivo

“ANTONIN ARTAUD,

La FUERZA que desde el DOLOR lleva a la AFIRMACIÓN de la VIDA.”

“Aquella afirmación de Hölderlin, de que “la poesía es un juego peligroso”, tiene su equivalente real en algunos sacrificios célebres: el sufrimiento de Baudelaire, el suicidio de Nerval, el precoz silencio de Rimbaud, o la vida y obra de Artaud…Estos poetas, y unos pocos más, tienen en común el haber anulado –o querido anular-, la distancia que la sociedad obliga a establecer entre la poesía y la vida.”
Alejandra Pizarnik

BIOGRAFÍA

Antonin Artaud, es el diminutivo de tradición familiar del escritor francés Antoine Marie Joseph Artaud -quien luego lo usaría definitivamente para distinguirse de su padre-, nacido el 4 de septiembre de 1896 y fallecido el 4 de marzo de 1948.

Artaud es el autor de una vasta obra que explora la mayoría de los géneros literarios, utilizándolos como caminos hacia una concepción de arte absoluto y “total”. Sus tempranos libros de poemas -que más tarde abandonaría el preciosismo poético, decepcionado-; “L’ombilic des limbes” (“El ombligo de los limbos”) de 1925 y “Le Pèse-Nerfs” (“El pesanervios”) anuncian ya el carácter explosivo de su obra posterior. Es más conocido como el creador del teatro de la crueldad (cf. El teatro y su doble, 1938; Manifiesto del teatro de la crueldad, 1948), noción que ha ejercido una gran influencia en la historia del teatro mundial. Trabajó en 22 películas, durante los años 20 y 30, entre las que destacan “Napoleón” de Abel Gance y “La Pasión de Juana de Arco” de Carl Theodor Dreyer.

“No ha quedado demostrado, ni mucho menos, que el lenguaje de las palabras sea el mejor posible.”

Es imposible conocer a Artaud sin antes conocer parte de su vida. Para poder adentrarnos en un análisis más humano de su obra, es muy importante detener la vista en los acontecimientos más relevantes que marcaron de alguna manera a este poeta. Los lances de su atormentada vida son parte de él mismo, como también lo es su obra.

Así, Artaud nace en Marsella, es hijo de un armador francés y de una mujer de herencia levantina.

Su infancia se ve marcada por problemas nerviosos atribuidos a una meningitis, también interpretados como síntomas de una neurosífilis transmitida a él por uno de sus padres. El dolor físico y cierta sensación de paranoia no lo dejarán nunca. Como vemos, su débil existencia va unida a una poca fortaleza física que acorde a sus ansias de vivir, le llevará a unas letras acongojadas y angustiadas. Lo obligarán a pasar largas estancias periódicas en sanatorios mentales (cuyo ejemplo más prolongado y trágico es el de los nueve años que pasa encerrado en el Havre, Villejuif y Rodez, de 1937 a 1946). Por tanto, tanto física como psicológicamente, nos encontramos ante una entristecida vida que se abría camino hacia su existencia mientras a su alrededor le obstaculizaban dolor, sufrimiento y enfermedad; en definitiva, un impoder sobre sí mismo.

Además, la prematura muerte de su hermana Germaine, en 1905, lo marca profundamente. Vale la pena para una mayor concepción citar que por aquel entonces es una persona extremadamente devota.

En 1914, después de sufrir una crisis depresiva, en el curso de sus estudios, piensa en inscribirse en el seminario. El catolicismo, pues, influye en la vida de Artaud y en su obra desde su juventud. Su influencia lo hará oscilar entre el ateísmo declarado y la devoción excesiva (que se manifiesta durante sus crisis nerviosas en 1943, llevándolo a un extremo de piedad antisemita).

En 1920 llega a París para dedicarse a escribir. Reúne sus primeros versos bajo el título “Trictac del ciel” (1924), de los que después dirá que no lo representan, por ser afectados, por ser “farsas de un estilo que no lo es y que nunca lo fue”.

A raíz de su publicación entra en contacto con André Breton, quien acaba de hacer público, a su vez, el primer Manifiesto Surrealista. Asume el cargo de director de la oficina de investigaciones surrealistas. A lo largo de este periodo escribe también guiones de películas y poemas (El ombligo de los limbos, El pesanervios, etc.). La relación entre ambos se ve recogida hoy, en un libro que recopila las correspondencias entre ambos durante el tiempo que se cartearon, “Cartas a André Breton”.

Junto con Roger Vitrac funda, en ese período, El teatro Alfred Jarry y entre 1927 y 1929, monta cuatro espectáculos. El absoluto fracaso de sus primeros montajes le lleva a refugiarse en la teoría, con lo que sienta las bases del denominado “teatro de la crueldad” («aquel que apuesta por el impacto violento en el espectador. Para ello, las acciones, casi siempre violentas, se anteponen a las palabras, liberando así el inconsciente en contra de la razón y la lógica»), en obras como “El teatro y su doble”.

En 1936 Artaud viaja a México y convive con los Tarahumaras, un pueblo indígena, para encontrar la antigua cultura solar y experimentar con el peyote.

“On entre avec les Tarahumaras dans un monde terriblement anachronique et qui est un défi à ce temps. J’ose dire que c’est tant pis pour ce temps, et tant mieux pour les Tarahumaras.”

(“Con los Tarahumaras uno entra en un mundo terriblemente anacrónico y que es un desafío a estos tiempos. Me atrevo a decir que es peor para estos tiempos y tanto mejor para los Tarahumaras.” – Traducción de Roberto Salazar.)

Un año más tarde, deportado de Irlanda, será ingresado por sobrepasar los límites de la marginalidad. Pasa nueve años en manicomios y repetidas sesiones de terapia de electrochoque acabarán por hundirle físicamente. Sus amigos logran sacarlo y vuelve a París, donde vivirá durante tres años.

Publica en 1947 el ensayo “Van Gogh le suicidé de la société” (“Van Gogh el suicidado de la sociedad”), galardonado al año siguiente con el Prix Saint-Beuve de ensayo. En 1948 produjo el programa de radio “Para acabar con el Juicio de Dios”, el cual es censurado y sólo será transmitido en los años 70’. Sus cartas de la década de los 40’, muestran su desilusión frente a tal decisión.

Antonin Artaud muere de un cáncer el 4 de marzo de 1948 en el asilo de Ivry-sur-Seine. Hipnotizado por su propia miseria, en la que vio la de la humanidad entera, Artaud rechaza con violencia los refugios de la fe y del arte. Ha querido encarnar ese mal, viviendo la pasión total, para encontrar, en el corazón de la nada, el éxtasis. Grito de la carne que sufre y del espíritu alienado que se siente como tal, he aquí el testimonio de este precursor del teatro del absurdo. Y he aquí, el nacimiento de la fuerza que como la de Baudelaire y otros coetáneos de la época, encarnaran a los Malditos, bajo ese mismo manto de sufrimiento reconocido, dolores de cuerpos ultrajados, y moribundas mentes, que se ven en vida de mano de la muerte. Antítesis de la vida misma, donde se entremezclan el orden impuesto con el caos, al que este orden le obliga. Lo desgarrador se abre paso rasgando los velos que enterciopelan las miradas, la necesidad de olvidar anula la escasez de sentidos, las existencias se debilitan por la excesiva presencia de lo artificial. Y ante la comodidad de este olvido de nosotros mismos, algunas vidas como las de estos poetas, luchan, a su manera, contra los principios estipulados que sepultan a la propia vida.

Para acabar con este paso por la vida de Artaud, veamos cuáles fueron sus últimas palabras escritas son: “…de continuer à faire de moi cet envoûté éternel etc. etc.” (“…de seguir convirtiéndome en ese hechizado eterno etc. etc.”).


OBRA

Detengámonos ahora en la obra de Artaud. Considerando que se trata de una obra violenta, sangrienta, y “cruel”, si utilizamos el término que para él mismo marca el rigor tremendo con que piensa aplicar la deconstrucción*[1] de la vida en la escena de su Teatro de la crueldad. Los años de reclusión en sanatorios mentales le llevan a desarrollar un profundo odio y recelo por el mundo de la psiquiatría. Para él, los médicos que afirman “curarle” son sólo seres que envidian su genialidad y la califican de locura. Son, nos dice en “Van Gogh, el suicidado de la sociedad”, quienes llevaron al pintor holandés al suicidio. Estamos ante la incomprensión de un espíritu que pretende crear desde un lado oscuro, sin miedo a lo que pueda surgir.

Los Tarahumara nos revela un mundo en que un hombre agobiado, no tanto por la locura que padece como por el tratamiento psiquiátrico, encuentra a sus iguales. En él encuentra efigies vivientes y grabadas por la naturaleza en la montaña, símbolos de la santidad que Artaud confiere a tal tierra. Para el autor francés, los Tarahumara son una “Raza-Principio” cuya cultura considera superior a la del hombre Occidental. La influencia de este pueblo mejicano, como de Oriente (El teatro Balines), son claves en la confirmación de su teatro de la crueldad donde veremos reminiscencias respecto a Charles Baudelaire, el otro gran poeta francés, quien como percusor marcó profundamente los pasos de Artaud.

En Heliogábalo, obra marcada tanto por una investigación, rigurosa en extremo, como por la violencia lírica propia del poeta maldito, Artaud presenta una poetización de la historia del emperador romano Vario Avito Basanio, apodado El-Gabal o Heliogábalo. La crueldad de su manifiesto teatral se ve prefigurada en la anarquía del tirano: la gratuidad de una vida dramática, la sangre, la poesía hecha realidad. Es llevado todo a su extremo profundo, sensorial, expresivo, vivido. Como ejemplo, la gratuidad que trae la peste, cuando vemos a los burgueses robando como simples ladrones, matando, huyendo, corriendo angustiados, es la misma que provocan los ritos del dios sol que el joven emperador de Roma prodiga entre lujos y lujuria extremos.

La obra de Artaud es expresiva y férreamente crítica en todos los aspectos de su personalidad. Se aprecian en ella desde los intermitentes ataques de locura del autor y sus primeras terapias psicoanalíticas con el Dr. Toulouse, hasta sus publicaciones en Demain, pasando por sus manías religiosas de los primeros años en los asilos de Ville-Évrard, Le Havre y Rodez, años en los cuales el artista experimentaba una profunda necesidad de adueñarse de una vez de la conciencia propia.

Una búsqueda constante para reafirmarse tanto artística como filosóficamente*[2]. Resuenan asimismo los gritos finales de Van Gogh, todo ello expresión de una unidad de pensamiento, una filosofía que sintetiza su teoría total sobre el teatro Évelyne Grossman en su prólogo a las Oeuvres del autor francés (Gallimard, colección Quarto, 2004), habla de la obra de Artaud como ese mismo “Art total”, comparándolo con la estética de las correspondencias de Baudelaire, con Wagner y su Gesamkunstwerk: “(…) desaparecen entonces las barreras de una sola obra, de un solo tipo de arte, de una plástica definida, tal y como en el Teatro de la Crueldad se funden en un solo espectáculo la música, los gritos, la insensatez, el teatro, la danza…”

Así vale la pena que se nos invite a leer a Artaud en su totalidad, y no respecto a algunos fragmentos, pues él es su misma obra, uno y otra se pertenecen inexorablemente. Como él mismo afirmaba allá por 1925: “Chacune de mes oeuvres, chacun des plans de moi-même, chacune des floraisons glacières de mon âme intérieure bave sur moi.” (“Cada una de mis obras, cada plano de mí mismo, cada florecimiento glaciar de mi alma interior echa su baba sobre mí.”)

ARTAUD & BAUDELAIRE – “La Fuerza”

Entonces, una vez hecha una rápida pasada por su atormentada aunque lúcida vida y obra; después de habernos introducido en la vida de este poeta francés; podremos intuir mejor el carácter de su pensamiento. Así, estamos preparados para ver la relación de éste con otro poeta anterior, y posiblemente el espejo con el que creció, tanto en la forma personal como artísticamente, Charles Baudelaire. Por ello, me parece un interesante propósito el de hacer el ejercicio de comparar la manera en que dos figuras tan representativas de la generación de estos poetas franceses llamados “Los Malditos”, Baudelaire y Artaud, se adentran con su peculiar visión en lo que es la vida que viven, y el momento histórico de todo occidente.

Ambos poetas viven en la lobreguez de una sociedad a la cuál le cuesta entenderles. La revolución Industrial desde mediados del siglo XVIII hasta principios del siglo XIX explotó en Europa, forzó el cambio a que la técnica nos llevaba ya desde el inicio de la modernidad. La vida se mecaniza a raíz de la mecanización de la realidad, tanto por la ciencia al explicarla, como del entorno, del cuál la transformación y adaptación a nuestros intereses se vuelve ya posible. El ser humano posee ya el potencial suficiente que le llevaría a hacer de un lugar inaccesible, lo contrario, accesible.

Esto le lleva a que con la técnica bajo el brazo, ya se crea absoluto dominador y moldeador de la realidad. Pero precisamente, estos poetas verán los inconvenientes que durante años se omitían en este proceso, y que poco a poco van surgiendo en el momento que se acentúan sus facetas negativas. Es decir, llegado el momento en que la obviedad del escaso libre albedrío a cambio de mayor comodidad o satisfacción de placeres que veían Artaud y Baudelaire en su alrededor, no era más que la pérdida de vida en beneficio de ese mecanicismo. Cosa que les llevó a crear una forma de criticar y definir el presente de esas generaciones peculiar por su marca de dolor y sufrimiento. Seguramente, ya que sus letras, como las de cualquier poeta, son sus amadas ideas bien vestidas, y por ello las aman; como el vivo ama cualquier resquicio de vida, como buen amante de la propia vida. Y estos dos preceptos parecen estar representados en estos dos Malditos, por su forma de hablar y afrontar la vida. Por esto por ejemplo, considero que son el reflejo de la imagen de la delgada línea que separa al poeta del filósofo, que como decía ya alguien: “El filósofo es un poeta venido a menos”. Así, como si filósofos fuesen, conceptualizan, analizan, experimentan, teorizan el mundo en el que sienten que viven, o debería decir, sufren.

“No se ve el lucero blanco,

candil de mis solitarias noches,

sólo experimento profunda penumbra,

en la que he de sentir a un cuerpo sumido.

¿Será que ya no hay lunas para esas noches?

será que la débil esperanza

me abandonó hace tiempo

y me dejó, sin estrellas que guíen

a un, sin quererlo, errante perdido…

Oscuridad maldita,

que me encoges el pecho,

y me demuestras por doquier,

¡Ay, oscuridad poderosa!

Que la vida también es…

dolor y miedo.

Miedo al dolor,

al sufrimiento, a la muerte,

y a mil cosas más,

pero no se lo tenemos al amor en sí,

o las rosas rojas que adornan

nuestros trajes, moradas o tumbas…

Sino solamente, a lo taimado,

pernicioso y vil,

o lo diabólico y malévolo

que es la presencia negativa

que obligadamente hay y da sentido

a nuestras vidas…”

Fuerza que deviene, no por mera acción azarística, sino por la condición o situación que vivieron. Por lo tanto, en el caso de Baudelaire y Artaud, es decir este caso, llega como una herencia, ya desde Descartes, a raíz de una acumulación de causas que les han llevado a los efectos de sus personalidades rotas ante el ideario y moral de la época. El rechazo que sufrirán sus caracteres; marcados lógicamente por los alaridos de sus vitales conductas ante el mecanicismo, que creen les envuelve; marcará a este movimiento filosófico-artístico nacido en Francia, y al cuál se le definirá como el conjunto de “Los Malditos”, románticos de la belleza quebrada, de la profundidad que no vemos dentro de las inservibles carcasas. El espíritu o fuerza que catalogo de carácter “rebelador” (rebeldía), lo sitúo como producto del fatal desenlace al que se envió a la especie humana al dejar a la técnica como mando mayor de nosotros mismos, y nuestras acciones. El mundo pasa a la matematización a partir de la Modernidad –especialmente-, y he aquí este aspecto tan importante que ha condicionado a llevar a la post-modernidad a una lucha constante contra lo que llamaré, “la muerte en vida”.

La imposición del mecanicismo en la vida humana, rompe los esquemas del libre albedrío que distingue al Hombre de la máquina. El bienestar vuelve extremadamente acomodadas a las gentes, en la búsqueda constante de adaptar el medio al ser humano, y dejar o sobrepasar el mero existir del animal, hacia un vivir bien, un bien estar, y no un simple estar.

En esta rebeldía vitalista, sobresale en Baudelaire y Artaud, por el hecho de romper con todo lo estipulado. “El” o “Lo” ideal, cambia, se rompe. Donde antes se decía que lo bello, era “aquello agradable que se presentaba a la mirada” (Gadamer, ya la definió así); lo físico, belleza sobre la forma, que es la manera más rápida -por no decir, superficial- de que lo encantador de algo se aprecie; pasa a ser algo bastante opuesto. El hecho de que el ideal pase de las formas al fondo, al concepto e interior de la obra artística, derroca la imagen de lo bello, arrastrándola a ésta al mero efecto de una carcasa vacía. Y será ese estar lleno lo que por encima de esas fachadas se valorará como el reflejote lo verdaderamente vivo, que será a su vez lo que se considere verdaderamente bello, en un mundo donde lo mecánico sepulta a mil bajo los pies lo humano.

En ese mundo de tuercas y engranajes, la vida poética se abre paso entre aceites y gasoils. En este caso, no del lado del Apolo estético, de lo bello, sino más bien, desde la fuerza incontingente que surge desde las entrañas del artista por su amor a la vida.

Estamos ante la ruptura de la estética poética, este conjunto de libre pensadores poetas (“Los Malditos”), son el espejo de cómo cuando la belleza ya no puede decir nada fuera de ella misma y sus formas, es esta fuerza de la que hablo es la que toma presencia en el arte, y por ello, de la estética poética.

Lo bello deja paso a lo desgarrador, los velos que el artista esquivaba o colocaba en sus obras, son en este momento, arrancados sin piedad, ni miedo al dolor u horror de lo que detrás de ellos se muestre. Ya no sirven las alabanzas, ni lo contemplativote lo idílico del ser humano, sino sus vísceras más recónditas son las que deben mostrar estos espíritus poetas que como humanos se sienten morir poco a poco. Así la acción debe tomar parte para luchar por vivir, contra un elemento abstracto presente en cada uno de nosotros, cuál parásito. Una cosa contra la que no se luchó sino se adoró, y ante la que se manifestaron estos gritos ahogados de esta generación de poetas franceses, gritos que únicamente se irán transformando en los alaridos de una muerte, tiempo ya anunciada, y como asesino el abuso de la técnica.

Artaud, como Baudelaire, ahonda esta temática desde lo más profundo de su ser. Por ejemplo, el odio característico que se encuentra en las letras de éstos, es un odio que para poder amar, han de experimentar ante la vida,. Eso nos da un amplio abanico de perspectivas, puntos de vista, enfoques o cualquier cosa que se le precie ante lo mismo, la subversión por la realidad que les envuelve.

Como ya decía, no se sienten a gusto dentro de ese mundo, y como poetas primero, y filósofos después, reclaman con su fuerza, detener la vista en aquello que lo merezca de verás en un mundo de carcasas vacías. Pero al hablar de esa fuerza no podemos negar que es palpable, perceptible, en cada uno de sus versos y sus gritos. No hablo por eso, de la fuerza en sí, sino más bien de un venir con fuerza que como comentaba es ya desde la modernidad de donde nace. Y desde dicho momento que se va acumulando hasta provocar este estallido.

Digamos que la fuerza está presente desde las palabras hasta los conceptos en cada uno de éstos Malditos; pero como digo, no como algo nuevo, puesto que la fuerza ha estado siempre del lado del arte y la expresión, sino que aquí se percibe como esa fuerza que viene en Artaud y Baudelaire, como la acumulación de la ira, el odio y el dolor que durante todo ese tiempo se han acumulado en el arte.

Una de las herramientas de lucha y amor a favor a la vida y el libre albedrío en que coinciden dichos pensadores es el shock. Shock del que habla Baudelaire en su poesía, y que es pieza clave en “El teatro de la crueldad” de Artaud. En el teatro de la crueldad, la base en la que se inspira este movimiento teatral es la de sorprender e impresionar a los espectadores, mediante situaciones impactantes e inesperadas. Con esto se pretende dejar una huella en el espectador, que la obra lo marque. Baudelaire nos hablaba de ese efecto de Shock, cuando una situación límite nos hacia despegarnos de ese somnolente dejarse llevar de la vivencia, a un lugar de experiencia pura, donde estaría lo más cercano a nosotros mismos y nuestro alrededor fuera de las influencias estipuladas ya sean ideológicas, políticas, tradicionales, sociales o culturales.

Dolor 01

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*[1] Deconstrucción: Término que da Derrida a la separación de todos los factores de algo, en una división que permita abordarlos por separado uno a uno, pero sin que pierdan el valor que juntos representan.

*[2] Filosóficamente: Entendido aquí como ideológicamente. Es decir, la formación de un ideario, de un pensamiento concreto.

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BIBLIOGRAFÍA

- Introducción (Biografía y Obra) se trata de una adaptación y traducción del texto francés de la página http://www.wikipedia.fr/ sobre este autor.

- Los dos libros “Artaud” de la escritora argentina Alejandra Pizarnyk, y “Cartas a Andre Breton” del mismo Artaud que contiene las correspondencias entre ambos contemporáneos. Además, de la poesía del propio autor.

ArTíCULos de OPiNióN (01)

•Noviembre 3, 2009 • Dejar un comentario

Radiografía 01

RADIOGRAFÍAS de la REALIDAD 01

Desde tiempos memorables ya, la realidad depende de preceptos impositivos más que de un libre devenir de los acontecimientos. A esto le llamamos orden, el cuál durante la historia ha ido cambiando de manos y de forma de imposición, pero siempre ha sido eso, una imposición. Explícito, como en el caso de las antiguas maneras de gobernar, como las basadas en el poder, las dictaduras, o las basadas en caracteres divinos –ya que era esa la excusa para decidir quien mandaba sobre quien, como las monarquías-; como las variantes del comunismo, como de formas más implícitas como las actuales democracias. Las representaciones de este principio se dan desde la antigüedad y todas las culturas, como los sistemas de castas hindú o índico (mayas, aztecas o incas), los regimenes faraónicos, el nazismo, los imperios clásicos o del medievo, y demás.

Antropológicamente el ser humano está obligado a crear una forma de gobierno para él y toda su comunidad. La familia es la más básica de las expresiones sociales, y de ella deviene, la necesidad de marcar un orden para su correcto funcionamiento. El ser humano por si solo, se considera débil ante la naturaleza. Por ello, necesita de la unión con otros para incrementar su resistencia y fuerza ante los posibles peligros que atenten contra su existencia, en un medio que realmente desconoce más, que conocerlo. Sartre esto lo explicaba con su término “angustia”, dejando claro que cariz tenía. El ser humano nace en un lugar que no escoge, sino que le viene dado. Este medio le conlleva una adaptación y supervivencia, cosa que en su debilidad particular no puede llevar a cabo; precepto por el cual se ve obligado a buscar la ayuda de sus semejantes.

Al igual que sucede con los animales, por si solos no tiene sentido su existencia, sino que de una manera más estrechamente ligada o menos, la naturaleza está forzada a unirse entre ella para generar formas de vida que prolonguen en el tiempo. El ser humano posee una razón, tal y como la contextualiza él mismo, y ello provoca que ese juego de establecer relaciones se complique. El individuo reconoce dualmente dos realidades, por un lado, la suya propia particular, privada y singular; y por otro, la colectiva, dependiente y común. De la interacción de los individuos en ambas nace, la sociabilidad y expresión humana, y con ello, tanto los roles sociales como los límites personales. Es aquí donde es ávido o inteligente el poderoso, que se da cuenta de cómo la posición de poder y coordinación para llevar a la práctica ese orden, es un plato apetecible para imponer sus intereses, beneficios o deseos sobre lo demás.

Esto sucede ya en nuestros orígenes animales. A lo largo de las dos orillas del río Zaire, encontramos nuestros antepasados primates, aquellos que guardan un mayor grado de similitud con nuestros genes. De una orilla, los Chimpancés, con sociedades patriarcales, donde la ley del más fuerte impera para atribuir los roles sociales, y en consecuencia, las relaciones personales. De la otra orilla, los Bonobos, con sociedades matriarcales, donde la satisfacción de los placeres, y el papel del género femenino en ello, toma la batuta, para delimitar dichos escalafones y relaciones sociales. De un lado, la imposición explícita; de otro, la implícita. Así, lo rudo y lo sutil, se dan cita pues, en el ser humano, dando lugar a un ditirambo entre la fuerza y el placer. Concluyendo, tanto nos sometemos por fuerza, como por la satisfacción de un placer concreto.

De todo esto deducimos algo preciso. De un lado, es necesario que se de una forma de cohesión y orden social, tal y como sucede con la familia. Pero los valores que marcarán el desenlace de los diferentes ámbitos de la sociabilidad hasta hoy, son impuestos desde grandes esferas de dominio sobre las gentes.

Hay pues, que fijar la vista en un leve detalle: es lo magno, la posición distanciada del poder respecto a los sometidos, aquello que permanece en la memoria histórica y su trascendencia. ¿Con la historia cambia la selección natural, o simplemente se acentúa más? Hablamos entonces, de Magno-Historia, Magno-Moral, o Magno-Economía; en el sentido de la Historia, Moral o Economía de los grandes, de las memorables fechas o acontecimientos, a fin de cuentas, de los poderosos sobre los que no lo son. Walter Benjamín se preguntaba por la historia de los derrotados, jamás contada; Charles Baudelaire sobre aquellos que estaban fuera de la normalidad y de lo ideal; Michel Foucault creía que la historia se había escrito desde lugares de poder que no representaban una verdadera realidad común respecto la vivencia global del colectivo.

Así, los grandes representantes de estos estamentos son los que dan las pautas de pensamiento y actuación, dándonos incluso las verdades que según ellos debemos creer. ¿Y la historia de los perdedores? Nunca se contó, dejando de lado, si ganaron los buenos o los malos –si se pudiese hacer esa diferenciación-. ¿Dónde están las creencias que cohabitaban antiguamente con el cristianismo? ¿Qué peso tienen las microeconomías como alternativas al sistema económico mundial? Brillan por su ausencia. Lógicamente, debido a que no le interesará a ese poderoso del que hablamos, dejar de serlo. Desde aquí, nos sorprende que aún exista el sistema de castas hindú –como anteriormente nombraba-, para tratar con igualdad a las personas; ¿pero que sucede si van a un banco o se presentan ante un juez, personas con cuentas corrientes distintas por los ceros que poseen? Pasa exactamente lo mismo, diferenciación, distinción, discriminación.
Para que el poderoso sea tal, debe haber sumisión, eso está claro.Si partimos que, desde la historia se le considera tal, el ser humano se ha visto obligado a delegar su coordinación y orden a algún estamento concreto, ya fuese una persona, como un conjunto de éstas que conforme cualquier tipo de gobierno; llegamos a la conclusión de que estamos esposados a encomendar nuestra representatividad y nuestro orden. Pero el problema es, ¿a qué precio? Una cosa es confiar tu voluntad como sacrificio a favor del orden de una comunidad, pero otra muy diferente es delegar nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos. Kant ejemplificaba este error en una de sus citas: “Obedeced, y luego pensad.” Con lo que pensaba que lo común estaba un peldaño superior respecto al ámbito personal. Foucault, en cambio, consciente de los roles de poder, hacía referencia a esta misma cita remarcando: “Primero pensad si queréis obedecer, y luego haced.” Pero el orden actual depende más de la máxima de Kant, que de la de Foucault; debido esto al peso de uno y otro en las bases en que se desarrolló la mentalidad Fáustica, aquella que se asigna al individuo Occidental, basada en el ideal que bien muestra el Fausto de J. W. Goethe. Una vez la ciencia aparece dando principios ontológicos clarificados, se crea un especie de angustia –Como de la que no habla J. P. Sartre-, en la que se unen dos principios que se contradicen para nuestro entender, el de nuestra finitud física como organismo que vive y muere, y que por ende, se encuentra esposado a una temporalidad finita; y por otro, la infinitud de acciones, pensamientos y conocimientos que envuelve la vida. Por lo tanto, finitud e infinitud se dan cita en una misma vida, generando una ansía desmesurada por acumular cantidades de cosas. Donde he de ligar con el problema de la matematización de la realidad, que un tiempo antes Renné Descartes introdujo como base para las ciencias. A partir de ese momento todo era cuantificable, lo personal se vuelve impersonal, no por cultura, sino por principio científico. Y que no decir, del gran beneficiado de todo esto, la economía. A partir de aquí, todo tenía precio, no quiero decir que antes no lo tuviese, sino que lo que antes era doxa, se transformó en epísteme.

Es decir, antes se podía cuantificar la vida de alguien por preceptos sujetos a mera opinión, peor más tarde, se dieron las premisas suficientes para que esto se viese fundamentado por el conocimiento, la epísteme. Entonces, ¿a qué precio ese mantener ese orden? Al de condenar tu vida a la previsibilidad, al control de algo o alguien sobre la misma, al de hipotecarla para siempre. Creemos que nuestro pensamiento es libre, pero no es así. Actualmente, somos prácticamente incapaces de idear algo que el sistema en el que vivimos no lo tengas ya previsto. La moral, las creencias, los estamentos que nos rigen y demás, son las bases de nuestro pensar.

Aquello que decidimos como lo bueno y lo malo, nos viene absolutamente dado desde nuestro nacimiento por la cultura y la tradición, donde entraría lo dicho anteriormente. De esta manera, el precio a pagar por el orden de la comunidad es elevadísimo. Pero esto no es algo explícito, y por tanto, justo; sino que es implícito, oscuro y camuflado para que no se vea a primera vista, y por ende, injusto. Es un engaño bien tapado que sufrimos tod@s. El sistema te lo vende desde la otra perspectiva: las cámaras que graban la vía pública desde edificios poderosos o emblemáticos, o desde otros que pasen más desapercibidos, ¿son para velar por nuestra seguridad como alega el sistema, o más bien, para tenernos controlados? Los telediarios, nos muestran a tropel de noticias machistas, de maltrato de género, de secuestros de niños, etc. Y que casualidad que sean éstas sobre los individuos que el sistema trata y trató como más débiles, todo para tramar su plan. Si necesitan seguridad dichos miembros por el miedo o conmoción que genera esa información dada desde una perspectiva que asuste a la sociedad, éstos la pedirán. Es decir, la conclusión de este efecto es que mujeres y niños precisarían una mayor seguridad, vista la sensible inseguridad que padecen. ¿Pero no suceden estas cosas desde tiempos inmemorables? No estoy justificando ni muchísimo menos ninguna conducta que atente contra la humanidad en este caso, mujeres y niños. Sino que pretendo hacer ver que esa es la forma de dominio del poderoso actual.

Dentro de una idílica forma de gobierno democrático, sigue imperando el mismo factor de control sobre las personas, el miedo. El mismo que el noble o la iglesia infligía sobre los campesinos con castigos si no obedecían o pagaban sus diezmos. De esta manera, el poder controla por el miedo a su pueblo; sea ese poder un Rey del medievo, o, un banco o empresario actual.

En EEUU, por ejemplo, se ve bien como después de ese proceso de hacer sentir a la gente débil, insegura y delicada –cosa que lleva haciendo desde muchos años según intereses-; ahora hace una campaña en la que pretenden solventar esa carencia con la ciencia. Anuncian unos microchips por diferentes medios públicos con todos nuestros datos almacenados –desde datos bancarios, a pasaporte, o identificaciones varias-, con un sistema de GPRS seguido por satélite que averigua el lugar donde estés en cada momento; y dudosamente afirman desde el gobierno que se trata de un proyecto de protección a las personas, sin decir que presionando una sola tecla, desconecto el chip y dejas de ser alguien en un sistema basado en etiquetas y cuentas corrientes. Pero, ¿no estamos ante la misma situación de antes? Primero os hago creer que sois débiles y estáis amenazados, para luego ataros aún más con las cadenas que delimitan nuestro actuar y pensar, con la excusa de manteneros seguros ante esos exagerados peligros.
El miedo es el primer impedimento que tiene el ser humano para realizarse en su vida, ya lo dice el Bhagavad Gita, uno de los textos bíblicos hindis, fechado en hace unos 3000 años atrás. Así con ese miedo como arma, el sistema controla la opinión y pensamiento de sus conciudadanos, de forma que si interesa generarlo con el pretexto de un dios castigador, o un sistema falsamente empático con su pueblo, se aplicará. Puesto que la naturaleza en sí misma es espontánea, y pese a poder entender expresiones de ésta como mecanismos previsibles, posee siempre el libre albedrío, y el humano como parte de la naturaleza, en su esencia primordial, también. Pero hace falta una forma de acotar aquello que representa una amenaza para un sistema, la imprevisibilidad.

Y más sutilmente o menos, pasamos por el aro, siendo el estado, o actualmente la economía, quien nos encaja en los caminos destinados a sus intereses, y sin dejar espacio para la verdadera libertad, quedando este término sin aplicación ni sentido real. ¿Existe realmente aquello que entendemos por libertad, si no pensamos ni actuamos libremente, sino condicionados a sistemas previsibles? ¿Hasta qué punto puedo llegar a hacer algo espontáneo de verdad, sin repetir de alguna manera lo ya pensado o articulado?

Prestemos atención a las diferentes acepciones del diccionario ante la palabra Libertad: a) Facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo. b) Estado o condición del que no está prisionero o sujeto a otro. c) Falta de coacción y subordinación. d) Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas, de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. e) Confianza, franqueza.
Verdaderamente, ¿son estas definiciones reales desde la perspectiva que acabo de explicar, o mejor dicho, carecen de sentido real? Tal vez, si viviéramos en una vida ideal, tendrían su razón; pero dentro del orden implícito que ya se mentado, esto es una carcasa de falsedad más que se coloca ante nuestros ojos para continuar con tales engaños. Por ello, si no soy capaz de pensar o actuar con un libre albedrío fuera del orden que estoy obligado a seguir, la libertad, en su amplio sentido, está vacua de significación; ya que siempre habrá algo de impuesto y de no-libre que me condicionará en mí vivir. Por esto y todo lo anterior, me reafirmo en que dicho miedo, es nuestro peor aliado en la lucha constante para hacer realidad aquello que realmente nos proponemos.
De tal forma, no es que nos impongan hoy de una manera, sino que llevándonos por los caminos que quieran, pueden hacernos creer que necesitamos preceptos que no vayan acordes a la libertad o libre albedrío de las personas. Haciendo así que nosotros mismos –engañados- votemos por algo que en el fondo si lo pensamos, rechazaríamos sin dudarlo. Es decir, son muchos los que votan por su futuro hoy, ¿pero lo hacen desde una real conciencia o desde un lavado de cerebro encaminado a que se vote lo que el poderoso quiere? Por ejemplo, en el famoso mayo del 68, después de un proceso revolucionario global, se votaron leyes que hoy vemos injustas.
Actualmente vivimos bajo un orden concreto e impuesto, y éste está basado en unos intereses plenamente materiales. La cantidad le ha ganado la partida a lo cualitativo, lo que marca la esencia de las cosas, su calidad. Así para que esta dominación se de, es necesario encontrar una forma de controlar esa imprevisibildad del ser humano, tanto a nivel de pensamiento como de actuación. Cosa que han conseguido ir depurando los gobiernos desde ya tiempos atrás. Dejando la capacidad de actuar y pensar, cada día más limitada. Donde tan sólo, el consenso entre los miembros de la relación que se de, ya sean dos, o una comunidad entera, puede marcar una justa forma de sociabilidad, pero nunca desde roles que se encuentren en estadios superiores e interfieran con malas artes sobre el resto. Así después de todo lo explicado, llego a una firme conclusión conmigo mismo. Yo delegaré mi representatividad, pero nunca mi capacidad de pensar por mi mismo, como mi capacidad de crítica. Aún estando limitado a vivencias predichas o prevividas, que condicionen ya mi propio pensamiento; lucharé por hacer de éste, algo verdaderamente perteneciente a algo libre. De la misma manera, que se debe renunciar a la supremacía sobre los demás, para vivir en igualdad; puesto que podemos tener más o menos que otro, cantidad; pero nunca ser más que otro, calidad. Somos personas tratadas como objetos, y los objetos son tratados como personas, a esto se le llama materialismo. Y filosóficamente, a esto le llamaron reificación, pérdida de la naturalidad. Término y problemática abarcada como la idea del fetiche, como representación de ese materialismo en y por la vida. Acuñado por K. Marx; como cita él mismo: “El fetichismo es una relación social entre personas mediatizada por cosas. Las personas se manejan como cosas y las cosas, como personas.”. Y el situacionista G. Debord dice sobre ello que es: “[...] la declinación de ser en tener, ye de tener en simplemente parecer [...]”; y que estamos en “[...] el momento histórico en el cual la mercancía completa su colonización de la vida social [...]”.
Una dura visión de la que nos somos conscientes enteramente, y de ello depende, que se cambie, que se venza aquello que nos condena injustamente, que se vuelva a recuperar los valores de naturalidad, que se recobre el espíritu, que se cambie verdaderamente la vida.

”Pensad, y sabréis hasta donde llega la libertad…”